Historia de Tarragona

Según la leyenda, el Dios Júpiter abandonó a su mortal esposa al enamorarse de la Ciudad de Tarragona.

Gracias a la historia, sabemos que hace más de dos mil años fue residencia de César Augusto y capital administrativa del Imperio Romano. De aquel esplendor, conservamos un amplio patrimonio monumental por el cual la UNESCO la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad en el año 2000.

Años después, durante la época medieval, Tarragona fue un centro eclesiástico muy importante, muestra del arte religioso y señorial legado de aquella época son la catedral y el barrio judío. Y de su período Modernista, la ciudad ofrece al visitante obras de arquitectos como Gaudí, Jujol o Doménech i Muntaner.

Publio Cornelio Escipión, llamado “el africano” vio en este rico trozo de tierra un lugar único para establecer su campamento durante la conquista de Hispania en el 217 aC.

Y allí los romanos, ayudados por el poblado íbero de Kese, alzaron las murallas de la futura ciudad, las más antiguas fuera de Italia.

Tarraco se convirtió pronto en un punto estratégico, nexo de comunicación y una base muy importante para la conquista de la Península que se alargó más de 200 años. Tal fue su importancia que en el año 27aC el primer emperador romano, Cesar Augusto residió en ella durante dos años en su viaje oficial para controlar la campaña.

La ciudad creció, su puerto, su comercio, el paso de las invencibles legiones romanas por la Vía Augusta, la espectacularidad de los juegos de gladiadores, las carreras de cuadrigas en el circo, el culto a sus Dioses, su vino, su gente, la riqueza del imperio se reflejaba en la Tarraco Romana.

Toda una historia, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, y que hoy sigue bien viva gracias a la protección de este rico patrimonio. Tarraco Romana, que esconde secretos en piedras, calles y murallas, y que vivirá eternamente entre el progreso y esta maravillosa historia de la gloriosa Roma.

Después de la gloriosa etapa romana, Tarragona se jugó también un papel muy importante en la vieja europa Medieval, conservando parte de la herencia urbanística de los romanos, la ciudad se convirtió en un núcleo de población consolidado y poderoso.

Los árabes la ocuparon en el año 711 y la ciudad quedó ocupada hasta su reconquista final en el año 1116 por Ramón Berenguer III.

Pocos años después, la ciudad se convirtió en el Principado de Tarragona, comandada por los normandos a través de un pacto de vasallaje controlado por el arzobispo de Barcelona.

La antigua torre romana del Pretorio sirvió a Robert Bordet como fortaleza y desde allí empezar la nueva etapa de la ciudad.

La importancia de la ciudad se refleja en la construcción de la gran catedral, en 1711, que ocupa la parte alta de la ciudad y es hoy en día uno de los monumentos, que no pertenecen a la Tarraco Romana, más visitados.

Tarragona sobrevivió siglos después a la peste europea que hizo descender la demografía de la ciudad, y también a los diversos conflictos bélicos, destacando la guerra civil catalana en el siglo XV.

Los conflictos continuaron entre los siglos XVI y XVIII como la guerra de los segadores, que enfrentaron catalanes y franceses o más tarde la Guerra de Sucesión y la ocupación de la ciudad por parte del Rey Felipe V.

También fueron frecuentes los ataques de los piratas entre los siglos XVI y XVII , la ciudad se defendía con torres de vigilancia como la Torre de la Mora.

El 28 de junio de 1811 Tarragona fue asaltada por el ejército francés y la ciudad fue ocupada durante dos largos años, en uno de los episodios más trágicos que se recuerdan. Este recuerdo sigue vivo en el monumento a los héroes de la Guerra del Francés que ocupa un lugar privilegiado de la Rambla Nova.

Pero la recuperación económica y social de Tarragona llegó, y con ella el libre comercio con América, y la expansión urbanística fuera de las murallas en 1896. Se proyectaron nuevas calles que hoy conforman la arteria principal del comercio y el ocio de Tarragona, como las Ramblas, la Calle Unió y nuevas zonas como la Parte Baja o Marina que más tarde se ha convertido en un motor económico abierto al mar.

Fue en esta época que se empezaron a salvar los vestigios de la Tarraco Romana y que sirvieron como base para la construcción del Museo Arqueológico, hoy un lugar de visita obligada.

Los años de la posguerra y del régimen franquista fueron una época muy difícil para Tarragona, que se debatía entre los racionamientos y el estraperlo.

A los años 50 se iniciaba una etapa de recuperación con la llegada de las primeras empresas químicas en la ciudad y se proyectaron nuevos barrios como Sant Pere i Sant Pau, Sant Salvador, Torreforta, Camp Clar, etc

El puerto se convierte en un enclave estratégico para esta nueva Tarragona industrial y un motor económico para la ciudad de hoy.

Tarragona convive hoy con el crecimiento industrial y la expansión económica de las últimas décadas con el ocio, la cultura, y especialmente la conservación y revalorización de su rico patrimonio arquitectónico e histórico. La belleza de su costa y sus playas, con el ritmo de la economía en su puerto, el comercio tradicional en las calles donde los patricios acudían al Foro Romano, una ciudad impregnada por su historia y cultura que continúa avanzando a través de su pequeña historia.